Observaciones

Realizados entre 1797 y 1799, Caprichos es una de las cuatro series de obra gráfica que Goya realizaría a lo largo de su vida. En las ochenta estampas que la componen alcanzaría una originalidad que le hace ser considerado, junto a maestros como Durero o Rembradt, uno de los mejores grabadores de la historia. Como señala Todorov, Goya llevaría una doble vida durante su realización: por un lado, como cortesano que cumplía con encargos oficiales siguiendo el gusto de su tiempo; por otro, desarrollando en privado obras donde poder desplegar su creatividad desbordante. Inaugura, así, una nueva figura de artista, la de creador autónomo que sigue los dictados de su mundo interior.

En los Caprichos aparece la versión más crítica y activista de Goya, quien va desgranando, de manera incisiva, el pensamiento y las costumbres enraizadas en la España de finales del siglo XVIII. Condena, con ironía y brutalidad, el aparato clerical, político y social entonces vigente. Los abusos de poder, la ignorancia, las supersticiones, los dogmas religiosos, los vicios humanos, la prostitución o la alcahuetería son motivos de crítica para un ilustrado que pretendía reformar la sociedad europea a partir de la fe en la razón y en el conocimiento. Pero, si en gran parte de los Caprichos encontramos un Goya en el que predomina la confianza en el conocimiento como motor de progreso humano, a partir del Capricho 43 es observable una desconfianza y un distanciamiento respecto a los métodos de la razón. Y es que, a lo largo de su vida asistió, con desilusión, a acontecimientos que mostraban el fracaso absoluto del pensamiento racional como medio para transformar la vida de los seres humanos. Desde esta perspectiva pesimista, Goya nos indica que, más allá del conocimiento, existen potencias incontrolables en la esencia del hombre capaces de producir los peores desastres, sirviendo, al mismo tiempo, como origen de la creatividad. Por eso, sus escenas se desarrollan en un mundo de tinieblas donde abundan, en contra de los principios estéticos del Neoclasicismo, personajes deformes con rostros expresivos, animales nocturnos, criaturas monstruosas y situaciones absurdas, muchas de ellas procedentes del inconsciente y los sueños, de una irracionalidad tan arraigada en las supersticiones y en el analfabetismo del pueblo como en el interior de la mentalidad ilustrada.

A pesar de la concreción con la que representa personajes y escenas, Goya jamás llega a perderse en lo anecdótico, creando iconos universales que abarcan tanto su contexto histórico como la condición humana en general. Cada estampa aparece acompañada, en su margen inferior, por una leyenda que ayuda a interpretar el sentido de la imagen, añadiendo significados y conceptos que conectan lo particular con lo universal, testimoniando, sin miedo a lo problemático y sin caer en lo moralizante, la condición humana.

Los Caprichos subvierten las normas representativas vigentes para abrir el camino hacia una nueva modernidad artística. Su influencia en la historia cultural de los siglos XX y XXI es enorme, iniciando corrientes como el Romanticismo, el Realismo, el Surrealismo o el Expresionismo. Su genialidad hace posible que, tras más de dos siglos de existencia, sigan impactando a espectadores de diferentes sectores culturales y sociales, a través de escenas irrepetibles que nos ayudan a profundizar en la comprensión de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

Por temor a las posibles represalias del Tribunal de la Inquisición, Goya retiraría los Caprichos de la venta pocos días después de su publicación. Para zanjar definitivamente las sospechas, termina por regalar en 1803 las planchas y los ejemplares restantes a Carlos IV a cambio de una pensión para su hijo. Hoy se conservan en la Calcografía Nacional.

[Texto de Miguel Fernández Campón]

Historia del objeto

Esta primera edición fue regalo de D. Francisco de Goya a D. Evaristo Pérez de Castro (en el catálogo, su retrato por Goya). Posteriormente perteneció a su hijo D. Pedro Pérez de Castro que se lo regaló a D. Joaquín María de Castellarnau y Lleopart. A su muerte fue heredado por D. Juan de Contreras y López de Ayala Thomé y del Hierro, IX Marqués de Lozoya, que a su vez se lo donó a su hija María Angelina de Contreras y López de Ayala, III baronesa de Hermoro. Los últimos propietarios fueron D. Rafael Ruiz Gallardón y Dña. Isabel de la Rasilla.

Ha participado en las siguientes exposiciones:
"Colección Helga de Alvear"; Cáceres (m)(Cáceres (c), Cáceres (p)): Museo de Arte Contemporáneo Helga de Alvear, 26/02/2021, Viñuela, José María [comisario. Exposición inaugural de la nueva sede del museo]



Ficha técnica

Clasificación genérica:

Obra Gráfica

Objeto:

Grabado (80)

Datación:

1799

Técnica:

Grabados al aguafuerte, aguatinta bruñida, punta seca y buril, numerados del 1 al 80 sobre papel verjurado y encuadernados en piel con hojas de guarda

Dimensiones:

Libro: Altura = 31,5 cm; Anchura = 21 cm; Grosor = 2,5 cm
Grabados: Varias dimensiones

Nº ref. / Edición:

42090 / Primera Edición

Inscripciones:

Este ejemplar de "Los Caprichos" lo regaló Goya a Dº Evaristo Pérez / de Castro ministro que fué de Fernando VII y su Embajador en varias cortes de / Europa; y á mi me lo regaló su hijo, Dº Pedro Pérez de Castro / Joaquín María de Castellarnau [Firma rubricada]

Otra forma de conocer la colección, descárgate nuestras apps!